jueves, 30 de junio de 2011

REFLEXIONES SOBRE LA TOLERANCIA MASÓNICA

1.- La Tolerancia en el mundo Profano  Los tiempos que nos tocan vivir son severos. Junto a la falta de ética y de moral, subyace el materialismo, el "individualismo feroz", un desenfrenado impulso por obtener "más". Y entonces la Intolerancia emerge tentadora, para repetir el tema del árbol y la manzana.
De ver todos los días la intolerancia, falta de solidaridad, convertidas en costumbre, tal vez al punto de ni siquiera ser advertidas como tales. Por ello, hoy más que nunca resulta de suma importancia reflexionar sobre el tema de la tolerancia en estos momentos tan duros y difíciles, sobre todo para algunas personas de mediana edad, que sentimos -como decía Machado- que otro grupo nos " ha helado el corazón". Es importante tratar de profundizar en la dicotomía tolerancia - memoria histórica.
En una ciudad francesa (Tarbes) cercana de Zaragoza, existe un monumento (muy común en Europa) en memoria de todos los deportados a campos de concentración. Enumera todos los campos (incluidos los españoles como el de Miranda de Ebro) y cita una frase que me parece maravillosa: "Ni odio, ni olvido".
Porque la Tolerancia nos debería enseñar a no odiar pero también a no olvidar. Con mucho esfuerzo individual intentemos no odiar, pero no nos equivoquemos intentando superar el odio con el olvido. Si olvidamos tal vez consigamos no odiar, pero a la vez impediremos sustituir "las malas situaciones" por otras mejores.
Cuesta mucho imbuirse de tolerancia en momentos y lugares donde los valores democráticos que tanto nos ha costado conseguir, se encuentran en "almoneda". Es duro ser tolerantes ante un Gobierno intolerante. Es duro ser tolerantes cuando la mentira se utiliza como "justificación de Estado". Por ello resulta muy importante "profundizar" en la reflexión sobre la tolerancia como principio fundamental que tanto anhela la humanidad y que sin embargo a algunos nos cuesta un gran esfuerzo llevar a la práctica.
¿Qué es la tolerancia sino enterarse cada cual de que tiene frente a sí a alguien que es un hermano suyo, quien, con el mismo derecho que él, puede opinar lo contrario y concebir de contraria manera la felicidad pública? La Tolerancia para perfeccionarse, es decir para ser efectiva, real, debe de ser no solo una actitud individual sino una conducta social, pues justamente presupone como condición sino que non una conducta distinta de la nuestra con la que debemos convivir. Por eso la tolerancia es uno de los signos más claros de la civilidad y la cultura social de un pueblo. La Tolerancia esta relacionada directamente con la aceptación y el intercambio de IDEAS, en un ambiente de igualdad de posiciones, de respeto, de civilidad, no con situaciones o conductas individuales o colectivas socialmente aceptables o no. La Tolerancia debe convertirse en una práctica común, en parte de nuestra civilidad como sociedad.
La Tolerancia debe acercar posiciones, para superar las mínimas diferencias que nos separan y para, de una vez, centrarnos en todo lo que nos une. Una sociedad tolerante, por su propia naturaleza, rechaza (no combate, pues sería ponerse a su mismo nivel) indistintamente a todo aquel que dentro de ella no lo fuere. Desde el punto de vista profano y sobre todo desde el político, la tolerancia por supuesto que no puede ser sinónimo de indiferencia, de indolencia, sumisión o vasallaje.
Es una condición imprescindible de la democracia y el mecanismo por el cual todas las partes pueden exponer sus ideas con civilidad y la ciudadanía puede inclinarse por la que le parezca más compatible a su forma de pensar de acuerdo con las condiciones específicas del momento y del lugar, todo esto en la arena de la denominada "opinión pública", fomentada y conducida por los medios de comunicación.
 "La Tolerancia es una planta frágil que es cultivada de manera permanente por la Masonería desde hace casi 300 años. En medio de la gran crisis de valores que vivimos en la actualidad, la Masonería es una de las instituciones que ha podido mantenerse en pie, por lo avanzado en su práctica de la tolerancia y la fraternidad. Tolerancia es aceptar al otro tal cual es, con sus ideas políticas y religiosas, su posición social, además de su intelecto y moralidad. Tolerar es aceptar la diversidad tal como se presenta.
Para lograr entender el concepto basta con mirar la naturaleza y ver que en ella conviven diferentes especies cumpliendo cada una el rol que le corresponde. Podríamos pensar en la tolerancia como la capacidad de saber escuchar y aceptar a los demás, valorando las distintas formas de entender y ubicarse en la vida, siempre que no atenten contra los derechos fundamentales de la persona. Para practicar la Tolerancia debemos fundamentalmente respetar las ideas.
Cualesquiera sean, tan solo condicionando su presencia en tanto impliquen hallarse en los parámetros del Bien. Lo más execrable en materia de convivencia intelectual, es pretender clasificar o calificar a los que no piensan como nosotros.  De ahí que la Tolerancia, en términos sociales, más que reactiva es proactiva, es decir, es una Actitud, una forma de ver y vivir la vida que todos los seres humanos debemos tener frente a los demás en cuanto a sus ideas, gustos, formas de ser, etc. aunque no sean iguales a los nuestros, una forma de conducirnos ante los demás que implica a la vez el derecho y la obligación de procurar respeto a las divergencias.
Puede que nuestras palabras no sean bien recibidas por otros, que haya gentes que piensen distinto, pero si respetan lo que decimos, adoptan una actitud tolerante hacia nosotros. La tolerancia se rompe cuando el otro no la respeta y eso pone en peligro el bienestar colectivo. De ahí que haya cosas y hechos que por su propia naturaleza no son ni pueden ser tolerables: El abuso, todo aquello que causa quebranto, dolor, lo que nos aleja de la felicidad, que pretende nuestro libre pensamiento, anularnos como seres. La intolerancia se sustancia en la Intransigencia, el fanatismo, la terquedad, la obcecación, la obstinación, la tozudez, que si bien son sinónimos, agravan el padecimiento.
Los intolerantes tienen un rasgo apropiado que los define: son ignorantes, pero no analfabetos. Suelen dañar reputaciones sin medir las consecuencias; repudian lo que no entienden ni saben; como carecen de ideas nobles y ecuánimes, no esgrimen ideas: utilizan el puñal de la difamación, el filo de la palabra descalificante. La Intolerancia, en todos los tiempos, viene precedida de un halo de «virtuosismo» fundamentalista, que pretende soslayar la necesaria ética que impone el respeto hacia el otro, hacia sus ideas y sus acciones.
La «presunción», junto con la Intolerancia, constituyen el caldo de cultivo -cuando no la causa- de todas las violencias y la maldad del ser Humano. No existe nada menos objetivo y triste que un hombre guiado por sus prejuicios, cerrado a la comprensión y fundamentalmente a la razón, y cuya conducta pueden derivar en causar perjuicios a quienes no tolera. Y para ejemplo, podemos verlo en el espejo de los Torquemada de todos los tiempos.
2.- La Tolerancia en el Mundo Masónico.-
En Masonería, la Tolerancia es una garantía de convivencia entre seres humanos libres e iguales y de tan distintas formas de pensar, sentir y actuar en lo político, lo religioso, lo social, etc... Se exige como una obligación para quien escucha las posiciones del otro,, a fin de comprender sus conceptos y entablar -por ejemplo- un debate razonado, de altura, exponiendo al mismo tiempo los propios, de todo lo cual todos extraemos, como individuos y como logia, siempre conclusiones positivas.
 La Tolerancia en Masonería ha de ser un medio de equilibrio natural, de modo que el "tolerado" sea responsable de sus actos, y no abuse de la tolerancia de la que puede ser objeto. De esta forma, el "Tolerado" ejercerá su derecho inalienable a expresarse libremente y al mismo tiempo su obligación de hacerlo de manera respetuosa y fraternal; por su parte, el "Tolerante" ejercerá su derecho de ser respetado en cuanto a sus principios por el "tolerado" teniendo a su vez la obligación de escuchar con serenidad y atención los conceptos de éste, según lo señalado en el punto anterior.
Tolerancia y Respeto a la diversidad de ideas son principios inalterables de la Masonería, que admite en su seno a individuos de todas las razas, religiones, costumbres, posturas filosóficas y credos políticos como muestras de esa amplia gama del pensar y sentir humano a cuyo desarrollo ha orientado históricamente sus objetivos.
La Francmasonería tiene por principios la tolerancia mutua, el respeto a los otros y a uno mismo y la libertad absoluta de conciencia. Se rehúsa a efectuar afirmaciones dogmáticas, no para limitar la libertad de pensamiento y de conciencia de sus miembros; sino al contrario, para garantizarla y fomentarla en un ambiente cordial y de convivencia constructiva. La Masonería se basa en el respeto a las ideas y decisiones de todos los hombres.
No es un sistema basado en el dogma, ni en el sectarismo, mas una organización donde el respeto a la expresión de la Conciencia individual es absoluto; donde la Libertad es un principio convertido en hechos cada día y donde la Igualdad es un ideal continuamente renovado con la práctica cotidiana.
La Tolerancia se describe con claridad, se interpreta con elocuencia, pero de práctica difícil. No obstante, cabe decir que esta "dificultad" en la práctica de la tolerancia es propia de la práctica de cualquier virtud o cualidad humana. Cuando hablamos sobre tolerancia, los masones expresamos todo aquello que en teoría hemos aprendido dentro de la Orden, en cuanto a lo que debiera ser su ejercicio.
Sin embargo, podemos ver que muchos HH:. son cada día más intolerantes con los demás y sobre todo con sus iguales, especialmente en el campo de las ideas filosóficas que defendemos individual o colectivamente. Muchas de las divergencias o discrepancias que se producen en nuestras Logias y Obediencias provienen de la intolerancia hacia los pensamientos expresados por otros HH:., llegando a presentar actitudes hostiles hacia aquellos que no opinan como nosotros.
El origen de nuestros males proviene de una sociedad donde impera un estado permanente de alienación a un sistema social que arrincona los valores humanísticos, que releva la comunicación franca y personal, que llena de desconfianza y desinterés por los demás, en fin, que produce a la postre una desestimación de si mismo. Cuando se llega a la masonería y se encuentra un ambiente de compromiso con la idea de la fraternidad, el ego se desata, intenta sobreponerse a la situación
en la sociedad, y muchas veces cae en la vana sensación de superioridad frente a sus hermanos. Se confunde la humildad de los HH:. Con debilidad; la discreción con la ignorancia; el gesto afectuoso con la adulación.
Muchos se pierden en ese camino. De ahí que nuestro ideal de Tolerancia se ve confrontado cada vez más a la intolerancia real de aquellos que en un diálogo de sordos, defienden sus posturas y ni son escuchados ni escuchan a los demás. Esa es una de las cuestiones que provocan la separación entre las Logias y las Obediencias entre sí. Esto tal vez quiera decir que hay cada vez más personas que no obstante haber sido recibidas en la Francmasonería no han dejado, ni pretenden dejar, su condición profana. Pero esto no solo no menosprecia la Tolerancia como un valor primordial del ser humano, cultivado y mantenido por nuestra Orden, sino que la exalta aun más y nos lleva a poner manos, mente y corazón a la Obra, a fin de defenderla con todavía mayor fuerza y vigor para ser ejercitada como una forma de vivir pensar y actuar, dentro y fuera de la Orden. Tolerancia y Regularidad.-
Lamentablemente, en estos tiempos de intransigencias y fundamentalismos, hasta los más jerarquizados entre los que se consideran nuestros QQ:.HH:. poseen el demérito de sus intolerancias. No importa si en su ceguera, impropia en quienes hacen gala de cultivar los beneficios de la razón, olvidan que un masón debe procurar, por encima de todo, el Orden sobre el Caos, el "Ordo ab Chao" que campea en los emblemas de más alto rango del filosofismo.  Es más fácil hablar de las tolerancias hacia los agnósticos o ateos, antes que hacia las mujeres dentro de la regularidad indicada los denominados "landmarks".
A pesar de que hombres y mujeres componen al 50% la humanidad; a pesar de que hombres y mujeres nos necesitamos mutuamente, no solo para continuar la especie, sino además para complementarnos en nuestras capacidades; a pesar de que muchos hombres tienen madre, hermanas, compañeras e hijas; a pesar de todo ello y muchas otras cosas más, persiste una actitud intolerante respecto del reconocimiento de la iniciación masónica para la mujer.
Es necesario trabajar por la Tolerancia dentro de la Orden y sumar esfuerzos entre logias y Obediencias tanto mixtas como femeninas y masculinas, a fin de encontrar convergencias sobre los problemas y las soluciones de los aspectos importantes de nuestro entorno masónico y profano. El espíritu no tiene sexo, no deberíamos mirar sino a las personas que tenemos delante y escuchar su discurso independientemente de su sexo.
El trabajo porque la mujer ocupe su sitio también en la masonería pasa, para mí, por una identificación de propuestas, de simbología de género y sobre todo de que las mujeres abandonen el prejuicio de equipararse con los hombres. Andando se hace camino y así se va demostrando que es posible que el hombre y la mujer estén armónicamente en logia, ya sean éstas femeninas, masculinas o mixtas.  A pesar de todo, la Masonería no puede y no debe más que seguir practicando en su interior esa humildad, esa discreción, ese afecto que le caracterizan y tolerar la confusión mientras dure en la mente de los confundidos. Una logia puede acabarse como resultado de que miembros de ella se hacen de los cargos para sentirse importantes. No importa que se acabe, la masonería seguirá y otras logias levantarán sus col:. Al final esos HH:. terminan apartados.
Debemos pasar de la teoría a la práctica, dejar que los demás se expresen libremente, aunque sus opiniones sean diferentes a las nuestras; cerrarnos a otras ideas, a otros pensamientos nos cancela la posibilidad de crecer en lo individual y en lo colectivo.  Escuchar, prestar atención al otro en un clima de diversidad constructiva, tratar de aprehender otras ideas, de abrirnos a los demás en pensamiento y en acciones es una forma de poner en práctica la Tolerancia que defendemos como principio y valor masónico fundamental.
Nuestra calidad de constructores nos exige una actitud de poner todo nuestro esfuerzo y talento en levantar nuevos edificios, no de quedarnos simplemente demoliendo los viejos, con lo que solo crearíamos desiertos. Trabajemos en pulir nuestra piedra bruta; comencemos por ser tolerantes entre nosotros mismos para que luego proyectar la Tolerancia hacia toda la humanidad. Eduquemos a los niños en ser tolerantes con sus compañeros de escuela, con sus compañeros de juegos, en la colonia, asumámosla como parte de nuestra cultura como individuos y como sociedad.
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